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26. LA PLAYA

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Agosto. Javier estrenaba vacaciones tras unos meses duros de trabajo. La fusión había requerido más sacrificios de los anticipados y eso lo había superado. Cada vez que llamaba a uno de sus empleados para darle la noticia de su finiquito notaba cómo su moral iba minando. Eran sacrificios de sangre a un dios perverso y cruel que sólo le prometía la propia supervivencia. En aquel momento le pareció la mejor, o la única, de las soluciones posibles para salvar su empresa. Javier se despertó, se duchó y disfrutó del agua que caía por todo su cuerpo acariciando y apaciguando las heridas de guerra de los últimos meses. No podía creer que por fin dejara atrás aquella tortura de elegir y echar a las personas más prescindibles. Si hubieran sido prescindibles desde el primer momento ya no las hubiera contratado pero eso, al buitre, no le cuadraba de ninguna de las maneras. Podía iniciar el descanso del guerrero. Lo peor ya estaba hecho y, ahora, sólo tenía que esperar al reflote de su barc...

25. EL GANADOR

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  —¿Pero cómo me has podido poner de nuevo con él? ¿Es que no sabes cómo es? Somos amigos pero es la quinta partida que nos toca juntos. Es inaguantable. Y lo sabes. Exijo que me cambies antes de que llegue y se entere… —Señor Pérez, buenos días. Mire qué sincronía; acaba de encontrar a su pareja de juego de hoy —saludó el recepcionista con una falsa sonrisa. El jugador del que hablaban acababa de traspasar el umbral de la puerta. —Vaya, qué casualidad, Jesús. ¡Otra vez juntos! Voy a dejar de creer en la casualidad y voy a empezar a sospechar que me escoges para ganar. Qué buen tándem hacemos, compañero— el señor Pérez se abrazó a su amigo Jesús mientras respiraba aliviado. A juzgar por su buen humor, esta vez no tendría conflictos con su compañero de partida. —Pues, sí, Antonio. No hay nada mejor que jugar con los amigos, ¿verdad? —mintió— venga, que los otros dos nos esperan en el tee de salida. Nos ha tocado el 10. —Sí, vámonos, que nos pilla un poco lejos. Ambos...

24. EL REGALO

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Abrió la carta que su hijo le había mandado a Papá Noel en secreto. Siempre lo hacía así: fingía meterla en el buzón lleno de purpurina roja y adornos navideños, pero lo que realmente enviaba era una copia en blanco de la misma carta recortada del catálogo del centro comercial. Tenía las manos rápidas y, aunque su retoño ya había pasado la edad de creer en el gordo vestido de rojo, él no se daba cuenta de que su madre se quedaba con sus deseos cada año.  Aquellas fiestas serían diferentes porque, no sabía cómo, se había quedado con la carta en blanco. Ignoraba cómo había cometido semejante error y entró en pánico. ¿Y ahora qué le compro? Le temblaban las manos. Ir a comprar un regalo sin saber lo que él deseaba se le hacía misión imposible. Sería la primera vez que tendría que adivinar qué quería su hijo.  —Hola, cariño, ¿has dormido bien hoy? ¿No habrás soñado con tu regalo de Navidad, no? Papá Noel, bajando por la chimenea con aquel paquete tan deseado, se toma l...

23. UNA CABAÑA EN LA CERDANYA

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Cuando los vi no me lo pude creer. Eran perfectos para el proyecto que tenía en Puigcerdà. Era una cabaña de alto standing cerca de un campo de golf del que no recordaba el nombre concreto. De todas maneras, tenía que hacerme con ellos costasen lo que costasen.  —Disculpe las molestias —me dirigí a la dependienta, una señora mayor que combinaba a la perfección con los objetos de la tienda—. Ese juego de palos de golf que tiene colgados… ¿Están a la venta?  —Sí, por supuesto, jovencita. ¿Pero está segura de que los quiere comprar?  —¿Hay alguna razón por la que no debiera adquirirlos? —pregunté extrañada.  —Esos palos están malditos. Los he vendido muchas veces y me los han devuelto por no poder controlarlos—. El rostro de la señora se oscureció mientras un escalofrío me recorrió el cuerpo—. Tienen personalidad propia —aseguró.  —¿Me está tomando el pelo? No voy a pagar más por el cuento chino ese de la maldición —amenacé.  —N...

22. HAMBRE

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Hambre. Tenía hambre. Había sido un día duro en la oficina. El estrés le comía las entrañas y, tras acabar un plato de verduras con cuscús que había dejado preparado para almorzar, abrió el congelador y sacó una pizza cuatro quesos que se reservaba para días como estos, en los que el trabajo incesante la había dejado sin energía. La pizza y el cuscús le supieron a poco y decidió comerse las sobras de la paella del lunes, que guardaba para un caso de emergencia; estaban deliciosas, aunque frías. Una vez el plato quedó vacío, sus tripas volvieron a quejarse. Armario por armario, fue devorando todo alimento que había en la cocina. Latas de conserva, patatas de bolsa, pepinillos en vinagre. El hambre seguía allí carcomiéndola por dentro. Continuó con la despensa hasta que ya no quedó absolutamente nada en casa. ¿Y ahora qué podía hacer? Seguía teniendo hambre. Decidió salir a la calle. A lo mejor un paseo le hacía matar el gusanillo. No sabía dónde lo había leído pero el sol tambi...

21. LA EXPEDICIÓN

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  —¡Alan!¡Alan!¡Alan!¡Despierta! Edgar zarandeaba a su compañero tendido en el suelo desesperadamente. Estaba inconsciente aunque las constantes vitales que mostraban el traje eran estables. Parecía estar sumido en un profundo sueño y, viendo que no se despertaba, decidió arrastrarlo hasta Antares. No sería una empresa fácil pero la opción de dejarlo allí tirado a los pies del cráter Parry no era la mejor, aunque tenía muchas ganas de abandonarlo a su suerte. Edgar estaba furioso con él. La bromita del palito se le había ido de las manos. ¿Dónde había estado aquellas dos horas? ¿Por qué los niveles de oxígeno no habían bajado durante esas dos horas? Todo aquello era desquiciante. Sólo deseaba que se despertara para exigirle algún tipo de explicación. El palito. El astronauta había colado un hierro 6 porque era lo más parecido a la herramienta de excavación que usaban para recolectar polvo y piedras lunares. Era un proyecto que llevaba planeando tiempo y se había esmerado...