martes, 1 de noviembre de 2016

14. TRECE MANERAS DE MORIR

Cuando en Factoría de Autores nos propusieron una recopilación de cuentos a los alumnos de la escuela, no me lo pensé dos veces. Era una una oportunidad única para vivir de primera mano todo el proceso en la creación de una antología: la elección de los cuentos, la edición y la publicación. Fueron meses de trabajo y de nervios porque era algo nuevo para mí.
"Al romper el Alba" fue la historia que presenté y fue seleccionada. Una historia que nació originariamente en inglés con pretensiones de terror y que se alejaba mucho de las mil palabras a las que estoy acostumbrada a escribir para un cuento. Es complicado romper el esquema una vez se automatiza una estructura y por eso me cuesta tanto pasarme a la novela. Soy cuentista y una cuentista de mil palabras. La etiqueta se pegaba a mis palabras y me bloqueaba una y otra vez.
El hilo conductor de la antología es "una muerte inesperada" y con ese leitmotiv construí una historia a dos voces con nocturnidad y alevosía."At the Break of Dawn", como era su título original, fue la primera historia en evolucionar y podía crecer por ella misma hasta sobrepasar las tres mil palabras. También era la que podía sacarme de zona de confort. Los que me leéis sabéis que mis cuentos siempre tiene luz al final del túnel, intentan tener un mensaje de esperanza, son un poco "flower power" en resumidas cuentas. Con "Al romper el alba" se abría la oportunidad de hacer cosas diferentes, lejos de mis preferencias narrativas. Así que me adentré en el terror con criaturas de la noche que se alejan de la luz con la que me gusta trabajar.
Tras meses de trabajo, tuvimos que elegir dónde publicábamos la antología. Decidimos que debíamos de dedicarla a una buena obra ya que no nos íbamos a hacer millonari@s al tener que dividir las ganancias entre todos los que habíamos participado. Save the Children fue nuestra elección. Tiene una plataforma donde se puede colgar el libro en cuestión y los beneficios van dedicados a los proyectos de la ONG. Nuestra antología se llama "13 Maneras de morir" y está disponible a 1 euro (clica en la imagen para conseguir una copia):



Si quieres una buena lectura en el Día de los muertos o sientes la imperiosa necesidad de hacer una buena obra pero no tienes el tiempo o el dinero necesario. Ya sabes: Compra nuestra antología. No te arrepentirás.

martes, 29 de julio de 2014

13. LA FOTÓGRAFA


Vivía de hacer fotos a los momentos especiales de otras personas: bodas, bautizos, comuniones, aniversarios, embarazos… Los vivía a través de la lente del objetivo. Desde la distancia. Como cuando de pequeña miraba el interior de las cosas con la punta de la nariz pegada al cristal de cualquier ventana. Observaba la vida de los demás: los muebles, las cocinas, las desilusiones, los juegos, el amor… Anhelaba entrar a través de la ventana pero cuando posaba su pequeña mano en el vidrio algo hacía que la retirara enseguida. Quemaba. Miedo a entrar. Giraba y cambiaba de rumbo hasta que volvía a encontrar una bonita casa que la volvía a atraer sin remedio. La cámara la protegía de los demás. Era su ventana de cristal. Un día, un atardecer captó toda su atención. La foto perfecta no salía. Miró el objeto con frustración y sin acabar de entender por qué la luz no era la misma. Posó la cámara a su lado y se quedó hipnotizada mirando el horizonte hasta que cayó la noche. La oscuridad la abrazó y volvió a casa con las manos en los bolsillos. La cámara continuó mirando al horizonte, sola y abandonada.
Aquella noche, Aurora no durmió. Algo había cambiado. No sabía el qué exactamente. Se despertó cansada y con grandes surcos oscuros bajo sus ojos. Se bebió un litro de café y salió a caminar esperando que pusieran las calles. Deambuló sin rumbo hasta que el juego de la atracción volvió a captar su atención.  Ante ella un escaparate con un cartel donde se podía leer: Club del punto, miércoles a las 9.00. Miró su reloj. Las 9.01. Abrió la puerta y entró. Un grupo de mujeres de múltiples edades tejían entre risas y cotilleos. Una agradable anciana la ahogó en ovillos e instrucciones sencillas para tejer su primera bufanda. Concentrada, los puntos se seguían uno tras otro. Acabó su bufanda. El tiempo pasó y también tejió jerséis, calcetines y gorros. Sonreía y charlaba animadamente con sus compañeras. En su lugar seguro. En su lugar feliz. Un miércoles cualquiera llegó a la tienda. La persiana estaba cerrada y había otro cartel que rezaba: “Cerrado por defunción”. Volvió a virar su rumbo y tiró sus agujas y ovillos en la primera papelera que encontró. Siguió caminando.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. ¿Y ahora qué? Tejer en soledad no era una opción a contemplar. Se sentó en un banco del parque. Derrotada. Miró al horizonte. Otro atardecer. Pensó en su cámara e, instintivamente, tendió su mano a la derecha, donde abandonó su ventana mágica. Algo paró su trayectoria. Era duro y rectangular, con páginas dentro. Y, aún con lágrimas en los ojos, empezó a leer. Acabó el libro al alba bajo la tenue luz de la farola. Al despertar del embrujo de las palabras, volvió a casa y se puso al día de todas las lecturas que tenía pendientes en las repisas de su apartamento. Hasta que ya no le quedó nada más por leer. Cansada, se sentó en el sofá y durmió. Soñó en sus fotos con bufandas y gorros de lana, en sus aventuras a través de las palabras de otros, en otros mundos lejos de ella y cayó en un pozo sin fondo, tan profundo que la oscuridad se volvió luz.

Despertó sobresaltada y empapada en sudor pero con una idea, una sensación. Su corazón latía con fuerza, sobresaltado, excitado y una sonrisa cubrió su rostro. Se puso el abrigo y abrió la puerta. Un viento frío de invierno le congeló el aliento. Corrió, voló, se deslizó por la ciudad como un pájaro en primavera hasta llegar a la puerta roja. Toc toc. Es el pomo el que gira esta vez. Unos ojos familiares, unos labios sonrientes, una expresión de sorpresa. “¿Quién eres?””Tú no me conoces, pero me encanta la butaca de terciopelo verde que tienes en tu despacho. ¿Puedo pasar?”. La puerta se abrió de par en par, invitándola a entrar. Calor en el interior y huellas de hielo derretido en el salón.  

miércoles, 28 de mayo de 2014

01. Microcuento

Voy a cerrar los ojos en voz baja, voy a meterme a tientas en el sueño. En este instante el odio no trabaja y la oscuridad envuelve el pensamiento. Un deseo da forma a la luz mientras la luz crea una oscuridad en el sueño. La vida corre rauda y veloz en una telaraña de historias que se van entretejiendo. Madejas que hilan las antiguas tejedoras. No existe pero existió. Un telar de luz.